Es un honor para mí volver a escribir en este blog que tan abandonado parece, y es que todos tenemos cosas que hacer y parece que no hay lugar para dedicar unos minutos a poner a caldo a alguien o simplemente desahogarse o escribir alguna memez.
En esta ocasión, un pequeño acontecimiento que me ocurrió ayer se merece no una lapidación, sino unas cuantas torturas al más puro estilo John Kramer que bien llevarían consigo una valiosa lección de vida para los sujetos protagonistas de la historia en cuestión.
Como tengo tiempo y además estoy en la facultad (sitio estrechamente relacionado con el problema que expongo), contextualizaré la situación para que todos sepamos de que estoy hablando.
Como cada curso, en las fechas adjudicadas por la Excelentísima UGR me dispuse a hacer mi automatrícula y ante mi necesidad de adquirir bastantes créditos de libre configuración, me matriculé en unas cuantas asignaturas de otras titulaciones (todas de la facultad de CC. de la Educación, que para eso me pilla cerca de mis mismos estudios), de las cuáles tan sólo me dieron una de Psicopedagogía; esa es la línea habitual de la UGR, pero ya habrá tiempo para despotricar largo y tendido de tan ilustre institución de mierda.
La asignatura en cuestión es "Enseñanza y dificultades en el aprendizaje de CC. Sociales". Como me esperaba, al comenzar a cursar la misma, no conocía a nadie de clase, puesto que no es mi titulación, pero a pesar de mi postura, ya contraria a estas alturas a conocer gente nueva por pura y funcional conveniencia, no consideré aquello como un problema, puesto que a lo largo de un cuatrimestre, aunque no lo quieras, un mínimo de diálogo estableces con cuales quiera que sean tus compañeros. La cuestión de esta lapidación no es el contenido de la asignatura, por lo que no me detendré en explicar de qué va la cosa e iré directamente al hecho que me ha hecho que me salgan ampollas de sangre en los cojones.
Resulta que en un arrebato docente con la intención de desconectarnos de esa vida académica que tanto nos entusiasma se organizó un itinerario por Úbeda y Baeza, que si bien están más repetidas que la morcilla, no está de más echar un vistazo al patrimonio cultural que tan cerca nos pilla de Granada, y más si es a coste cero.
Aunque para evitar tener que relacionarme por c****nes (cojones) con la gente extraña de esa clase tenía un comodín (infiltrar en la excursión a alguien que sí que conozco bien) y pensaba que ese podría ser el único elemento negativo de nuestra salida, el estar al margen de todos los grupitos formados durante la visita, eso no fue suficiente para que acabara acordándome de la santa madre de más de uno.
No tengo nada negativo que decir de la visita a estas dos ciudades patrimonio de la humanidad en cuestión, puesto que considero que fue una visita bastante productiva para con mi ansia personal de descubrimiento, si bien no fue así para la mayoría de los allí presentes.
El encabronamiento vino después, en el viaje de vuelta, en el autobús, sí, en el sitio donde ya dejamos de dar por culo cuando acabamos el viaje de estudios de 4º de la ESO, o al menos eso pensaba yo...
Ya el año pasado, por mi experiencia como encuestador, vislumbré que los alumnos de la titulación de Psicopegagogía era un tanto... "especiales", pero no imaginaba lo que en el día de ayer con su actitud me confirmaron, que no es otra cosa que son, entre otras acepciones, una piara de hijos de la gran puta.
Veníamos ya cansados de pasarnos el día andando y viendo resquicios de culturas pasadas y ancestrales cuando en otro arrebato docente, a nuestro profesor se le ocurrió hacer algo que es de agradecer, si bien desencadenó el caos. Minutos antes en una tienda de artesanía, compró una especie de vasija que decidió sortear entre los alumnos con ese famoso método de decir un número y el que lo acierte: PREMIO. Hasta aquí todo va bien, pero las reglas del juego cambiaban: el número se podía repetir y si había más de un acertante habría que desempatar. Es cuando aparecen en escena los malditos bastardos hijos de zorra que desencadenan lo que algunos podría llamar la furia infernal.
El profesor delegó el proceso de desempate en una alumna con aires de cómica andaluza fracasada que cogió el micro del autobús como si de polla de oro se tratara (y que conste que no me meto con este gremio, como bien sí lo hacen de Despeñaperros para arriba, que yo soy andaluz y estoy orgulloso de serlo). A esta sujeta no se le ocurre otra cosa que poner a las tres finalistas a cantar y, basándonos en el funcionamiento de "El semáforo" (para el que no se acuerde, un programa que valoraba la actuación de los concursantes según el alboroto del público al aplaudir y vocear), se llega a la conclusión de que dos de ellas habían empatado... ooohhh, había que volver a desempatar...
Ya esta dinámica de viaje, de noche, por una carretera secundaria, con un montón de gente voceando me parece un poco desacertada para nuestra propia seguridad, pero todavía no estoy totalmente cabreado.
La segunda prueba consiste en contar un chiste, bieeeeeeeeeen, un chisteeeeeeeee. Cómo no, tuvimos que escuchar tres chistes por parte de las participantes que rozaban la "me cago en tu puta madre", y cómo no, también alumnos que no entraban en el juego se animaron a coger el micrófono y seguir con esta alegre chanza. Cuando de repente y por algo inexplicable, me como el asiento delantero. El autobús se queda en silencio y nos damos cuenta de lo que ha pasado: el conductor se ha metido en sentido contrario y casi nos matamos si no llega a ser porque el buen hombre se dio cuenta a tiempo y dio marcha atrás mientras veíamos un montón de luces venir de frente (igual le distrajeron las voces continuas y canciones insufribles, que añadido a que no se veía un pijo en la carretera y que la conducción necesita concentración puede ser causa suficiente para que nos matemos, pero en fin, eso es sólo una teoría de uno que no cantó ni contó chistes) . A partir de ahí pensé, la gente empezará a callarse, el profesor dirá algo.¡¡¡ JA !!! Infeliz e inocente criaturilla; cinco putos minutos duró la incertidumbre antes de que esta panda de cabronazos volviera a las andadas. Se siguió contando chistes y cada uno de los protagonistas de la velada volvió a su sitio. Por desgracia, esos sitios estaban muy cerca del mío y claro, ya cada uno en su butaquita decidió seguir con la puta juerga. A estas alturas la sangre no me corría por las venas, ya había pasado a ebullición, ya que, por un lado la gente no se callaba y por otro el conductor le daba bien al pedal del acelerador, cosa que hizo que en ese ambiente se pusieran los cojoncillos de corbata. Tampoco sé por qué caminos tiró ese conductor para tardar unas dos horas largas desde Úbeda hasta Granada. Eludiré datos como qué canciones cantaron durante todo el trayecto, las veces que la luz interior se encendió dificultando la vista del conductor, la descripción particular de algunos personajillos que rozaban la indignidad humana y a qué volumen rebuznaban mis queridos nuevos compañeros.
Final de la historia, llegué a Granada con un dolor de cabeza bien tocho y triste por ver cómo involuciona la gente y cómo puedes estar desplazado por sentir que algunas cosas son de sentido común, de lógica. Hay que añadir que toda esta gente está cursando un segundo ciclo, por lo que todos tienen un título universitario en su poder...
Concretamente, todos tienen el título de magisterio, son maestros, sí, y el menor puede tener como poco 23 años. Hablemos claro, gente que se afeita la cara y las piernas desde hace años y alguna gente que incluso ya utiliza crema antiarrugas o compresas para las putas pérdidas de orina.
Me parece increíble que pueda haber gente que tenga tal falta de luces teniendo los años que tiene y presuponiéndose que tienen un mínimo de estructura mental coherente.
Hay quejas sobre los prejuicios que tenemos sobre la gente de magisterio, pero no se podrá decir que son infundadas. Confío en que hay gente que tiene vocación para la docencia, pero desgraciados como estos desvirtúan este bello arte de lo que es educar. No quiero pensar que algún día si tengo un hijo le toque algún gilipollas de este tipo como maestro.
Si sólo aceptáis a subnormales en la titulación de magisterio, es normal que luego salgan maestros subnormales. Fácil, subir la media de acceso a 9 y que sólo entre gente cualificada para ejercer su profesión. Difícil, intentar cambiar a alguien que debería estar con una vara dándole a los olivos.
En fin, que esperaba que algo mereciera la pena para expresar mi indignación y esto lo vale, y sé que será difícil ponerse en mi lugar habiendo sólo leído esto sin haberlo vivido, pero espero que esto ilustre al menos la indignación que tengo encima y que pueda ir justificando si voy cada vez mirando al mundo con más desencanto, vergüenza y tristeza.
Hoy, y más que nunca: ME CAGO EN VUESTRA PUTA MADRE
En esta ocasión, un pequeño acontecimiento que me ocurrió ayer se merece no una lapidación, sino unas cuantas torturas al más puro estilo John Kramer que bien llevarían consigo una valiosa lección de vida para los sujetos protagonistas de la historia en cuestión.
Como tengo tiempo y además estoy en la facultad (sitio estrechamente relacionado con el problema que expongo), contextualizaré la situación para que todos sepamos de que estoy hablando.
Como cada curso, en las fechas adjudicadas por la Excelentísima UGR me dispuse a hacer mi automatrícula y ante mi necesidad de adquirir bastantes créditos de libre configuración, me matriculé en unas cuantas asignaturas de otras titulaciones (todas de la facultad de CC. de la Educación, que para eso me pilla cerca de mis mismos estudios), de las cuáles tan sólo me dieron una de Psicopedagogía; esa es la línea habitual de la UGR, pero ya habrá tiempo para despotricar largo y tendido de tan ilustre institución de mierda.
La asignatura en cuestión es "Enseñanza y dificultades en el aprendizaje de CC. Sociales". Como me esperaba, al comenzar a cursar la misma, no conocía a nadie de clase, puesto que no es mi titulación, pero a pesar de mi postura, ya contraria a estas alturas a conocer gente nueva por pura y funcional conveniencia, no consideré aquello como un problema, puesto que a lo largo de un cuatrimestre, aunque no lo quieras, un mínimo de diálogo estableces con cuales quiera que sean tus compañeros. La cuestión de esta lapidación no es el contenido de la asignatura, por lo que no me detendré en explicar de qué va la cosa e iré directamente al hecho que me ha hecho que me salgan ampollas de sangre en los cojones.
Resulta que en un arrebato docente con la intención de desconectarnos de esa vida académica que tanto nos entusiasma se organizó un itinerario por Úbeda y Baeza, que si bien están más repetidas que la morcilla, no está de más echar un vistazo al patrimonio cultural que tan cerca nos pilla de Granada, y más si es a coste cero.
Aunque para evitar tener que relacionarme por c****nes (cojones) con la gente extraña de esa clase tenía un comodín (infiltrar en la excursión a alguien que sí que conozco bien) y pensaba que ese podría ser el único elemento negativo de nuestra salida, el estar al margen de todos los grupitos formados durante la visita, eso no fue suficiente para que acabara acordándome de la santa madre de más de uno.
No tengo nada negativo que decir de la visita a estas dos ciudades patrimonio de la humanidad en cuestión, puesto que considero que fue una visita bastante productiva para con mi ansia personal de descubrimiento, si bien no fue así para la mayoría de los allí presentes.
El encabronamiento vino después, en el viaje de vuelta, en el autobús, sí, en el sitio donde ya dejamos de dar por culo cuando acabamos el viaje de estudios de 4º de la ESO, o al menos eso pensaba yo...
Ya el año pasado, por mi experiencia como encuestador, vislumbré que los alumnos de la titulación de Psicopegagogía era un tanto... "especiales", pero no imaginaba lo que en el día de ayer con su actitud me confirmaron, que no es otra cosa que son, entre otras acepciones, una piara de hijos de la gran puta.
Veníamos ya cansados de pasarnos el día andando y viendo resquicios de culturas pasadas y ancestrales cuando en otro arrebato docente, a nuestro profesor se le ocurrió hacer algo que es de agradecer, si bien desencadenó el caos. Minutos antes en una tienda de artesanía, compró una especie de vasija que decidió sortear entre los alumnos con ese famoso método de decir un número y el que lo acierte: PREMIO. Hasta aquí todo va bien, pero las reglas del juego cambiaban: el número se podía repetir y si había más de un acertante habría que desempatar. Es cuando aparecen en escena los malditos bastardos hijos de zorra que desencadenan lo que algunos podría llamar la furia infernal.
El profesor delegó el proceso de desempate en una alumna con aires de cómica andaluza fracasada que cogió el micro del autobús como si de polla de oro se tratara (y que conste que no me meto con este gremio, como bien sí lo hacen de Despeñaperros para arriba, que yo soy andaluz y estoy orgulloso de serlo). A esta sujeta no se le ocurre otra cosa que poner a las tres finalistas a cantar y, basándonos en el funcionamiento de "El semáforo" (para el que no se acuerde, un programa que valoraba la actuación de los concursantes según el alboroto del público al aplaudir y vocear), se llega a la conclusión de que dos de ellas habían empatado... ooohhh, había que volver a desempatar...
Ya esta dinámica de viaje, de noche, por una carretera secundaria, con un montón de gente voceando me parece un poco desacertada para nuestra propia seguridad, pero todavía no estoy totalmente cabreado.
La segunda prueba consiste en contar un chiste, bieeeeeeeeeen, un chisteeeeeeeee. Cómo no, tuvimos que escuchar tres chistes por parte de las participantes que rozaban la "me cago en tu puta madre", y cómo no, también alumnos que no entraban en el juego se animaron a coger el micrófono y seguir con esta alegre chanza. Cuando de repente y por algo inexplicable, me como el asiento delantero. El autobús se queda en silencio y nos damos cuenta de lo que ha pasado: el conductor se ha metido en sentido contrario y casi nos matamos si no llega a ser porque el buen hombre se dio cuenta a tiempo y dio marcha atrás mientras veíamos un montón de luces venir de frente (igual le distrajeron las voces continuas y canciones insufribles, que añadido a que no se veía un pijo en la carretera y que la conducción necesita concentración puede ser causa suficiente para que nos matemos, pero en fin, eso es sólo una teoría de uno que no cantó ni contó chistes) . A partir de ahí pensé, la gente empezará a callarse, el profesor dirá algo.¡¡¡ JA !!! Infeliz e inocente criaturilla; cinco putos minutos duró la incertidumbre antes de que esta panda de cabronazos volviera a las andadas. Se siguió contando chistes y cada uno de los protagonistas de la velada volvió a su sitio. Por desgracia, esos sitios estaban muy cerca del mío y claro, ya cada uno en su butaquita decidió seguir con la puta juerga. A estas alturas la sangre no me corría por las venas, ya había pasado a ebullición, ya que, por un lado la gente no se callaba y por otro el conductor le daba bien al pedal del acelerador, cosa que hizo que en ese ambiente se pusieran los cojoncillos de corbata. Tampoco sé por qué caminos tiró ese conductor para tardar unas dos horas largas desde Úbeda hasta Granada. Eludiré datos como qué canciones cantaron durante todo el trayecto, las veces que la luz interior se encendió dificultando la vista del conductor, la descripción particular de algunos personajillos que rozaban la indignidad humana y a qué volumen rebuznaban mis queridos nuevos compañeros.
Final de la historia, llegué a Granada con un dolor de cabeza bien tocho y triste por ver cómo involuciona la gente y cómo puedes estar desplazado por sentir que algunas cosas son de sentido común, de lógica. Hay que añadir que toda esta gente está cursando un segundo ciclo, por lo que todos tienen un título universitario en su poder...
Concretamente, todos tienen el título de magisterio, son maestros, sí, y el menor puede tener como poco 23 años. Hablemos claro, gente que se afeita la cara y las piernas desde hace años y alguna gente que incluso ya utiliza crema antiarrugas o compresas para las putas pérdidas de orina.
Me parece increíble que pueda haber gente que tenga tal falta de luces teniendo los años que tiene y presuponiéndose que tienen un mínimo de estructura mental coherente.
Hay quejas sobre los prejuicios que tenemos sobre la gente de magisterio, pero no se podrá decir que son infundadas. Confío en que hay gente que tiene vocación para la docencia, pero desgraciados como estos desvirtúan este bello arte de lo que es educar. No quiero pensar que algún día si tengo un hijo le toque algún gilipollas de este tipo como maestro.
Si sólo aceptáis a subnormales en la titulación de magisterio, es normal que luego salgan maestros subnormales. Fácil, subir la media de acceso a 9 y que sólo entre gente cualificada para ejercer su profesión. Difícil, intentar cambiar a alguien que debería estar con una vara dándole a los olivos.
En fin, que esperaba que algo mereciera la pena para expresar mi indignación y esto lo vale, y sé que será difícil ponerse en mi lugar habiendo sólo leído esto sin haberlo vivido, pero espero que esto ilustre al menos la indignación que tengo encima y que pueda ir justificando si voy cada vez mirando al mundo con más desencanto, vergüenza y tristeza.
Hoy, y más que nunca: ME CAGO EN VUESTRA PUTA MADRE
